Inicios de la historia de la Iglesia

Inicios de la historia de la Iglesia

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La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó el 6 de abril de 1830 en Fayette, Nueva York. Al ir creciendo la Iglesia, los nuevos conversos se congregaron en Ohio y en Misuri. Mientras que los Santos de los Últimos Días de Kirtland, Ohio, padecían persecución, los que se congregaron en Misuri fueron expulsados en repetidas ocasiones de un pueblo tras otro por chusmas enfadadas. Tras ser expulsados de Misuri por la fuerza en 1839, los miembros de la Iglesia se reunieron en Illinois y edificaron una comunidad próspera en un codo pantanoso del río Misisipí. No obstante, a los siete años fueron obligados de nuevo a dejar sus hogares. Dirigidos por Brigham Young, esos pioneros huyeron hacia el oeste hasta el valle del Lago Salado tras recorrer 2.092 kilómetros.

  • El primer templo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se construyó en Kirtland, Ohio. A pesar del costo estimado de $40.000 dólares estadounidenses, que básicamente se traduce en tres cuartos de un millón de dólares en la economía actual, los miembros de la Iglesia estaban comprometidos a construir el templo. A menudo los hombres construían todo el día y luego pasaban la noche protegiendo el templo de las chusmas. Al aproximarse la terminación del edificio en 1836, los miembros donaron cristalería y porcelana, las cuales se trituraron y se agregaron al revoque para darle al templo una apariencia brillante.
  • Bajo la dirección de José Smith, siete misioneros navegaron hasta Liverpool, Inglaterra, y abrieron la Misión Británica en 1837. Después de nueve meses de predicar en iglesias, salones alquilados o de puerta en puerta, había casi 2.000 nuevos conversos. Cuando 800 miembros de la Iglesia se congregaron en 1863 para navegar hasta América en el buque Amazon, el autor británico Charles Dickens abordó la nave para observar. Advirtiendo su orden y su organización, comentó que los conversos mormones podían compararse con “la flor y nata de Inglaterra”.
  • En 1838, el gobernador de Misuri Lilburn W. Boggs emitió la infame “Orden de exterminación”, lo cual hizo en respuesta a informes exagerados de incidentes entre Santos de los Últimos Días y residentes de Misuri de mucho tiempo. La orden declaraba que se debía “tratar a los mormones como enemigos y, si es necesario para el bien público, es preciso exterminarlos o expulsarlos del estado”. Aunque a partir de mediados del Siglo XIX la orden no se hizo cumplir, ésta no se abolió sino hasta 138 años después, en 1976.
  • Después de que los miembros de la Iglesia fueron expulsados de Ohio y de Misuri, se establecieron en Commerce, Illinois, en un codo pantanoso del río Misisipí. Le cambiaron el nombre a Nauvoo en octubre de 1839, derivando el nombre de una palabra hebrea que significa algo agradable o hermoso, o un lugar de reposo y belleza. Al congregarse los Santos de los Últimos Días en su nuevo refugio, la población de la ciudad creció hasta aproximadamente 12.000 residentes, y rápidamente se convirtió en un centro comercial de gran importancia, comparable para ese entonces en tamaño a la ciudad de Chicago.
  • Al ir creciendo Nauvoo, también crecía la oposición de las chusmas. Los Santos de los Últimos Días construyeron un templo en Nauvoo pero, para cuando se dedicó, una vez más los estaban expulsando de sus hogares. Abandonaron el templo, el cual fue profanado por las chusmas y después destruido por un incendiario en 1848. Un siglo y medio después, el Templo de Nauvoo se volvió a construir usando los planos originales, y fue dedicado en junio de 2002 por el entonces Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley. Entre febrero y septiembre de 1846, la mayoría de los miembros de la Iglesia fueron expulsados de sus hogares de Nauvoo. La mayoría huyó por una calle a la que ahora se denomina a veces la “Calle de las lágrimas”. Durante una fuerte helada, el amplio río Misisipí se congeló, permitiendo que miles de miembros de la Iglesia cruzaran a pie o en carretas. Varias personas que escribieron diarios hacen referencia a ese congelamiento como un milagro, aunque uno de ellos comentó: “Fue un milagro que casi congeló a varios miles de santos”.

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